Pero me da igual. Porque en mi vida aparento ser la alegría de la huerta y ni siquiera me compensa. Porque utilizo el blog para descargar con parte de lo que no quiero cargar a nadie de mi alrededor. Porque últimamente voy pisando un campo de minas que explotan inesperadamente, una detrás de otra. Porque me está tocando vivir una cadena despropósitos diaria. Y porque tengo el mismo derecho que el resto del mundo a expresar mi malestar.
Tengo mucha rabia acumulada dentro. Estoy cansada de ver el campo ajeno más verde que el mío. Yo también quiero alegrías y buenas noticias.
Nadie en concreto me hace daño. Es la vida, y cómo está diseñada, lo que no termino de entender. "Quien espera, desespera". Yo ya ni siquiera espero, y desespero igualmente.
Desde hace tiempo vengo cogiendo con pinzas y analizando con lupa cada cosa buena que me pasa, porque suelo tener la corazonada de que va a fastidiarse por alguna parte. Efectivamente, la mayoría de las veces acierto. Sin embargo, y por temor a volverme una auténtica ceniza, de vez en cuando me he dejado llevar por la ilusión y no he querido prepararme para lo peor. Si la cosa va bien, la sensación compensa, eso es cierto. Pero aún soy incapaz de afrontar los desengaños si no me entreno para ello.
Sin embargo ahora me llego a agobiar yo solita analizando las ilusiones, intentando percibir una visión realista para después mentalizarme, como decía antes, de que posiblemente eso tan bonito tenga un lado oscuro que tarde o temprano saldrá a la luz. Aunque quiero, no puedo evitar ser desconfiada.

















